Este blog está concebido para compartir mis obras, para acercar mi expresión artística a todo quien se quiera asomar a él. Cualquier comentario o sugerencia será agradecido. Los interesados en algunas de mis obras o en que realice algún trabajo personalizado pueden contactar conmigo en frmj53@gmail.com
15 de septiembre de 2017
17 de julio de 2017
4 de mayo de 2017
14 de noviembre de 2016
15 de septiembre de 2016
El tiempo, tic,tac,tic...
El tiempo...tic,tac,tic...
-Una antigua maquina del tiempo-
"Se trataba de uno de esos raros objetos en los que la tecnología se confunde con la magia. No conocía su funcionamiento, solo sabia que funcionaba. Así, lo manipulaba con cuidado, temeroso de que el delicado mecanismo de la maquina sufriese algún desperfecto, y aquellas sensaciones fascinantes desaparecieran.
Era, por supuesto, una maquina del tiempo, una especie de cronovisor que le permitía asistir a escenas de la mas remota antigüedad a el mas lejano futuro con solo unos movimientos.
Recordó su primer viaje, Platón y Socrates conversaban plácidamente en la noche ateniense. La imagen del primero era clara y brillante, había en el segundo, sin embargo, algo de desdibujado y gris. Continuó avanzando; un imperio que se alzaba y caía, reminiscencias ptolemaicas en Egipto, otro imperio, Mare Nostum, y el lejano resplandor de Jerusalén.
Llegó lentamente a Cristo, lo vio como un hombre sagaz y enérgico, y no obstante, algo en el también aparecía desdibujado. Descubrió que esa bruma cubría a otros mas; largos años del oscuro Copernico ordenando el cielo, la madurez del terrible Rimbaud abandonado, o la vetusta soledad del gigantesco Nietzsche escribiendo para el mañana.
Espoleado por ese enigma, siguió noche tras noche indagando el secreto que unía a aquellos hombres. Tal vez, hoy lo lograra.
Dispuso la maquina diestramente sobre sus rodillas y la abrió en dos mitades asimétricas, poco después, pasó absorto la primera pagina."
Autor del relato, -Raul Alejandro Lopez Nevado-
Acrílico sobre lienzo, 90x60 cm.
-Una antigua maquina del tiempo-
"Se trataba de uno de esos raros objetos en los que la tecnología se confunde con la magia. No conocía su funcionamiento, solo sabia que funcionaba. Así, lo manipulaba con cuidado, temeroso de que el delicado mecanismo de la maquina sufriese algún desperfecto, y aquellas sensaciones fascinantes desaparecieran.
Era, por supuesto, una maquina del tiempo, una especie de cronovisor que le permitía asistir a escenas de la mas remota antigüedad a el mas lejano futuro con solo unos movimientos.
Recordó su primer viaje, Platón y Socrates conversaban plácidamente en la noche ateniense. La imagen del primero era clara y brillante, había en el segundo, sin embargo, algo de desdibujado y gris. Continuó avanzando; un imperio que se alzaba y caía, reminiscencias ptolemaicas en Egipto, otro imperio, Mare Nostum, y el lejano resplandor de Jerusalén.
Llegó lentamente a Cristo, lo vio como un hombre sagaz y enérgico, y no obstante, algo en el también aparecía desdibujado. Descubrió que esa bruma cubría a otros mas; largos años del oscuro Copernico ordenando el cielo, la madurez del terrible Rimbaud abandonado, o la vetusta soledad del gigantesco Nietzsche escribiendo para el mañana.
Espoleado por ese enigma, siguió noche tras noche indagando el secreto que unía a aquellos hombres. Tal vez, hoy lo lograra.
Dispuso la maquina diestramente sobre sus rodillas y la abrió en dos mitades asimétricas, poco después, pasó absorto la primera pagina."
Autor del relato, -Raul Alejandro Lopez Nevado-
Acrílico sobre lienzo, 90x60 cm.
18 de febrero de 2016
20 de octubre de 2015
6 de agosto de 2015
13 de marzo de 2015
2 de diciembre de 2014
El sueño eterno.
EL SUEÑO ETERNO
" El 14 de agosto Marcos supo que ese sería el último día. No lo había soñado, pero tenía una certeza absoluta. Nunca más despertarse y estar en el mundo. Marcos sabía. Pero se preguntaba qué hacer con el tiempo que le quedaba.
¿Avisar a los demás? ¿Ponerse a llorar? ¿Un último revolcón siguiendo el imposible Kamasutra? Tantas cosas pendientes, se dijo, y ya nunca más pendientes, nunca más nunca. Estuvo maquetando las páginas del periódico hasta la hora de comer y cuando volvió a casa se descubrió observando a sus hijos de una forma que ellos notaron distinta. A su mujer le dijo varias veces que lo que llevaba puesto le favorecía. Además, era verdad, pero no le decía aquellas palabras con frecuencia, se dejaba llevar por la costumbre, la rutina, la bendición de un día tras otro. Ahora estaba concentrado en sus hijos y, pese a la convicción de que no habría otra vida, quería recordarlos así, por lo que pudiera suceder. Se permitió una pequeña y última mentira. Llamó al periódico y pidió permiso para no ir aquella tarde. Un asunto familiar. Sus hijos durmieron la siesta y su mujer, con la inestimable colaboración de un documental de la 2, acabó por quedarse dormida también, ajena a lo que él sabía. Marcos llamó a su madre, que le dijo que estaba conectada a internet, eligiendo el papel pintado para la habitación. Quería que el dormitorio estuviese acabado antes de que la visitaran sus nietos a mediados de septiembre. Su madre le contó lo que había hecho ese día, el viaje que tenía pensado hacer a Argentina, la película que echaron en Canal Sur, y los pequeñajos ya creciditos, pesados y encantadores de serpientes, ya nunca más, pero esto último Marcos lo omitió. Se despidió de su madre diciéndole que a él también le gustaría que fuese septiembre.
Por la noche, Marcos pidió pizza y comida china, una fiesta para los niños. Cenaron. Los mayores bebieron vino, los niños zumos de piña. Marcos acostó al niño y su mujer le contó un cuento a su hija. Dormidos los niños, Marcos, que sabía que el final llegaría pronto, regresó al salón y propuso un brindis. Por este momento, aquí y ahora. Nada original, lo sabía. Un último recuerdo, la mujer de su vida brindando con él, sus hijos dormidos, todos ajenos al final que él sabía y que, por unos instantes, apartó de su pensamiento.
Ahora su mujer duerme y Marcos trae al niño a su cama. Hace lo mismo con la niña. Los acuesta a los dos en la cama. Su mujer le pregunta si pasa algo, pero lo hace dormida. Marcos se queda sentado en la oscuridad, oyendo la respiración de su familia que se va acompasando mientras sueñan. Primero un resplandor en el cielo, imperceptible. Luego, oscuridad. No queda nada pendiente."
Autor del relato - Marcos Ripalda -
Acrílico sobre lienzo, 65x50
" El 14 de agosto Marcos supo que ese sería el último día. No lo había soñado, pero tenía una certeza absoluta. Nunca más despertarse y estar en el mundo. Marcos sabía. Pero se preguntaba qué hacer con el tiempo que le quedaba.
¿Avisar a los demás? ¿Ponerse a llorar? ¿Un último revolcón siguiendo el imposible Kamasutra? Tantas cosas pendientes, se dijo, y ya nunca más pendientes, nunca más nunca. Estuvo maquetando las páginas del periódico hasta la hora de comer y cuando volvió a casa se descubrió observando a sus hijos de una forma que ellos notaron distinta. A su mujer le dijo varias veces que lo que llevaba puesto le favorecía. Además, era verdad, pero no le decía aquellas palabras con frecuencia, se dejaba llevar por la costumbre, la rutina, la bendición de un día tras otro. Ahora estaba concentrado en sus hijos y, pese a la convicción de que no habría otra vida, quería recordarlos así, por lo que pudiera suceder. Se permitió una pequeña y última mentira. Llamó al periódico y pidió permiso para no ir aquella tarde. Un asunto familiar. Sus hijos durmieron la siesta y su mujer, con la inestimable colaboración de un documental de la 2, acabó por quedarse dormida también, ajena a lo que él sabía. Marcos llamó a su madre, que le dijo que estaba conectada a internet, eligiendo el papel pintado para la habitación. Quería que el dormitorio estuviese acabado antes de que la visitaran sus nietos a mediados de septiembre. Su madre le contó lo que había hecho ese día, el viaje que tenía pensado hacer a Argentina, la película que echaron en Canal Sur, y los pequeñajos ya creciditos, pesados y encantadores de serpientes, ya nunca más, pero esto último Marcos lo omitió. Se despidió de su madre diciéndole que a él también le gustaría que fuese septiembre.
Por la noche, Marcos pidió pizza y comida china, una fiesta para los niños. Cenaron. Los mayores bebieron vino, los niños zumos de piña. Marcos acostó al niño y su mujer le contó un cuento a su hija. Dormidos los niños, Marcos, que sabía que el final llegaría pronto, regresó al salón y propuso un brindis. Por este momento, aquí y ahora. Nada original, lo sabía. Un último recuerdo, la mujer de su vida brindando con él, sus hijos dormidos, todos ajenos al final que él sabía y que, por unos instantes, apartó de su pensamiento.
Ahora su mujer duerme y Marcos trae al niño a su cama. Hace lo mismo con la niña. Los acuesta a los dos en la cama. Su mujer le pregunta si pasa algo, pero lo hace dormida. Marcos se queda sentado en la oscuridad, oyendo la respiración de su familia que se va acompasando mientras sueñan. Primero un resplandor en el cielo, imperceptible. Luego, oscuridad. No queda nada pendiente."
Autor del relato - Marcos Ripalda -
Acrílico sobre lienzo, 65x50
28 de octubre de 2014
27 de octubre de 2014
21 de octubre de 2014
22 de enero de 2014
Soy sólo un niño
Soy sólo un niño
Si me gritas
me haces sordo,
Si me callas
me haces mudo.
Si me ignoras
invisible.
Miedoso
cuando estoy solo.
Desconfiado
al mentirme.
¡Quiéreme, soy solo un niño!
Si me escuchas
me haces fuerte.
Cuando jugamos
amigos.
Dame pan
si tengo hambre.
Tápame
si tengo frío.
Si lloro
dame consuelo.
Si río
ríe conmigo.
Educame
con cariño.
Necesito tus abrazos,
tus caricias y tus mimos.
Cuídame
si estoy enfermo.
¡Quiéreme, soy solo un niño!
----Maria Alonso Santamaria----
Oleo sobre lienzo, 55x46 cm.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











